Estampa

La estampa estaba firmemente adherida al sobre, cumpliendo su cometido con estoica tranquilidad. Guardaba, sin saberlo, secretos escritos por manos ansiosas: palabras de amor, rencores susurrados, quizás alguna despedida. Pero el sobre nunca fue abierto. Viajó de un lado a otro, pasó por manos indiferentes y bolsas de correo abarrotadas. Con cada traslado, la estampa acumulaba polvo de lugares que nunca vería más allá de su limitada perspectiva. Sin embargo, su misión continuaba, fija en el sobre, atenta a su destino. Cuando al fin regresó al remitente, el sobre estaba intacto, las palabras dentro, aprisionadas. Nadie sabría nunca qué decían aquellas líneas. La estampa, envejecida se fue despegando y como un testigo mudo de un mensaje que jamás llegó a ser escuchado, se perdió entre el polvo




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