Zapato

Un zapato marrón, desgastado pero altivo, se detuvo en medio de una avenida inexistente y suspiró. "Ciudad, ¿qué eres?" murmuró, con un tono que sugería haber visto demasiado. Decidió caminar para averiguarlo, aunque su suela llevaba años jubilada.

Si la luna aparecía, avanzaba cojeando en zigzag, tarareando baladas que solo los objetos olvidados conocen. Si el sol lo vigilaba, marchaba en línea recta, sin discriminar entre grietas o charcos inexistentes.

En una esquina, se encontró con un zapato deportivo que corría en círculos por falta de brújula, o quizás de ángulos rectos "¿Tu kilometraje también está roto?" preguntó el zapato marrón. "Sí, pero sigo corriendo porque no sé detenerme", respondió el otro.

Juntos caminaron sin ingresos, sin destino y sin dignidad, hasta que se toparon con un semáforo que les habló en verso: "Cruzad, cruzad, sin mirar atrás, pero cuidado: la ciudad no existe si no la pisáis."

Y así siguieron, los dos zapatos, inventando calles para no perderse.



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