Al doctor se le habían caído
los lentes ante tal relato y no se animaba a levantarlos. Cardona se dio cuenta
pero no estaba dispuesto a detenerse, parecía como si Marta Lafond estuviera
allí con ellos.
-¿Marta estas en casa?-
-Si mi amor, pasá-
-amor- pensó en voz alta
Cardona. ¿Amor ha dicho?
-amor- dijo Malabia.
-¿que estabas haciendo ayer
por la tarde?- cargó Emilio.
-nada importante-.
-nada importante… ¿segura?
-a que viene esto- increpó
Lafond
-¡yo te voy a decir a que
viene!-.
-habla entonces- lo desafió
ella.
-ayer por la tarde estabas…
¡conmigo!-
-ayer no nos vimos, es
absurdo-
¡Me engañas! Pensaba Carmona
en voz muy alta-La muy…
-serénese- aplacó el doctor.
Marta Lafond se rindió. Se
excusó a favor de salvar la relación pero sus fuerzas estaban agotadas. ‘‘pense
que saliendo con vos estaría mas cerca de vos’’ parecían decir los labios de
Marta.
Emilio estaba al borde de sus
capacidades de razonamiento, pero entendió que ella debía de elegir: el o el.
-El mapa fue revelado y las
cartas que están sobre la mesa no
prometen demasiado- pensó el doctor.
-¿elegir?- contesta
enérgicamente Marta.-¿para que?, los dos son iguales. Me cansé.-
-entonces…
-si. Los dejo.
Ya no había lugar para nada más.
El doctor Malabia tomaba las
pastillas para el corazón-es mucho para mí- se repetía.
-fue así doctor que dejé su
casa. Que la dejamos.- Cardona sonríe.- recuerdo que ganamos la calle y que
cada uno tomo una dirección diferente. De vez en cuando nos cruzamos pero
hacemos como que no nos conocemos. A ella nunca más la vi.-
-desde entonces se siente mal
consigo mismo… ¿verdad?- dijo el doctor.
-¿Qué quiere decir?-
-usted padece de doble
personalidad.-
-¿Cómo así?-
-Usted ya estuvo aquí….ayer.
Deduzco que no lo recuerda. Tranquilo es
normal.-
Emilio se levanta y
tambaleándose camina hacia la puerta.
-no se encuentra bien hombre
deje que lo ayude- dijo el doc.-
-no se meta-.
El doctor observa.
-Dígame cuanto cobra la
sesión-.
-ciento cincuenta pesos.-
-tome trescientos. Déjeme ir
doc.-
-hasta luego. Los espero el
viernes.-
En el amor la dualidad entre el deber ser y el ser puede alterar nuestra percepción, sino, destruirla. No debemos ser ni puro razonamiento ni pura intuición. Debemos ser la fusión de los dos, pero sobre todo debemos ser nosotros, sino usted y yo seguiremos siendo cuatro.