Emilio Cardona 5

Al doctor se le habían caído los lentes ante tal relato y no se animaba a levantarlos. Cardona se dio cuenta pero no estaba dispuesto a detenerse, parecía como si Marta Lafond estuviera allí con ellos.

 

-¿Marta estas en casa?-

-Si mi amor, pasá-

-amor- pensó en voz alta Cardona. ¿Amor ha dicho?

-amor- dijo Malabia.

-¿que estabas haciendo ayer por la tarde?- cargó Emilio.

-nada importante-.

-nada importante… ¿segura?

-a que viene esto- increpó Lafond

-¡yo te voy a decir a que viene!-.

-habla entonces- lo desafió ella.

-ayer por la tarde estabas… ¡conmigo!-

-ayer no nos vimos, es absurdo-

¡Me engañas! Pensaba Carmona en voz muy alta-La muy…

-serénese- aplacó el doctor.

 

Marta Lafond se rindió. Se excusó a favor de salvar la relación pero sus fuerzas estaban agotadas. ‘‘pense que saliendo con vos estaría mas cerca de vos’’ parecían decir los labios de Marta.

Emilio estaba al borde de sus capacidades de razonamiento, pero entendió que ella debía de elegir: el o el.

 

-El mapa fue revelado y las cartas  que están sobre la mesa no prometen demasiado- pensó el doctor.

-¿elegir?- contesta enérgicamente Marta.-¿para que?, los dos son iguales. Me cansé.-

-entonces…

-si. Los dejo.

 

Ya no había lugar para nada más.

El doctor Malabia tomaba las pastillas para el corazón-es mucho para mí- se repetía.

 

-fue así doctor que dejé su casa. Que la dejamos.- Cardona sonríe.- recuerdo que ganamos la calle y que cada uno tomo una dirección diferente. De vez en cuando nos cruzamos pero hacemos como que no nos conocemos. A ella nunca más la vi.-

 

-desde entonces se siente mal consigo mismo… ¿verdad?- dijo el doctor.

-¿Qué quiere decir?-

-usted padece de doble personalidad.-

-¿Cómo así?-

-Usted ya estuvo aquí….ayer. Deduzco que no lo recuerda. Tranquilo  es normal.-

 

Emilio se levanta y tambaleándose camina hacia la puerta.

-no se encuentra bien hombre deje que lo ayude- dijo el doc.-

-no se meta-.

El doctor observa.

-Dígame cuanto cobra la sesión-.

-ciento cincuenta pesos.-

-tome trescientos. Déjeme ir doc.-

-hasta luego. Los espero el viernes.-

 

En el amor la dualidad entre el deber ser y el ser puede alterar nuestra percepción, sino, destruirla. No debemos ser ni puro razonamiento ni pura intuición. Debemos ser la fusión de los dos, pero sobre todo debemos ser nosotros, sino usted y yo seguiremos siendo cuatro.


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