En aquel pueblo, diagramado a la bartola, vendido al peor postor, resumido a una sola existencia paradójica. Vivir del mar sin tener puerto. Plantines donde crecen ratis que cambian caramelos por sonrisas. Lluvia de ñoquis de lunes a viernes, tiendas donde nieva mierda y nadie parece darse cuenta y un cine que solo pasan películas donde ganan los malos. Mas allá de la avenida de los botones, donde los informantes mienten a los turistas y la cultura de la complicidad, silencio y sumicion. Los rubros se agotaron, en aquel pueblo, donde no pasa nada.
