No
tenia nada en particular excepto una lluvia. Constante intuitiva e inteligente
la lluvia lo perseguía sin tregua alguna. El hombre que una vez fue seco a
estas alturas estaba acostumbrado a su húmeda presencia. Los mitografos nos
acercan una historia sobre un ajedrecista, viciado pero hábil, que enfrento ni
más ni menos que a un arcángel. Este último maravillado con el ajedrecista lo busco
por cielo y tierra y desafío a una contienda.
Arrogante
como siempre el ajedrecista se impuso con un notable final de torres. El arcángel
obtuvo la consideración para una revancha y con malicia o astucia proveyó al
ajedrecista de una nube con una lluvia incesante imposible de esquivar. El arcángel
justifico su acción, tanto le había costado dar con su paradero que no quería
perderlo de vista.
